Luka Doncic y la dimensión histórica de su nueva gesta como líder

Cuentan los que lo presenciaron que el influjo que ejercía Luka Doncic en sus rivales cuando aterrizó en España con 13 años era tal que estos se quedaban tantas veces paralizados ante aquel demonio rubio llegado desde Eslovenia, como si lo que estuvieran viendo no fuera real. Una década después, sus prodigios arrasan en otro mundo con la misma precocidad que dominó Europa e hipnotizan hasta humillar en su propia cancha al que se presumía como mejor equipo de la NBA. «Sabía que éramos los ‘underdogs'». No hay límite para quien mira a los ojos a los más grandes de la historia. Sin complejos, a golpe de sonrisas, diversión y talento, el séptimo en Phoenix ya es un nuevo hito del que avanza a golpe de asombros.

A partir del miércoles, Luka y sus Mavs disputarán la final de la Conferencia Oeste ante los Warriors, contra todo pronóstico. Lo hará Doncic no como complemento en una gran plantilla ni como apoyo a una estrella rutilante, sino como líder absoluto de un grupo de jugadores difíciles de reconocer por el aficionado medio. Con Spencer Dinwiddie, Jalen Brunson, Dorian Finney-Smith, Dwight Powell, Reggie Bullock o Maxi Kleber, ninguno All Star ni de lejos, transformados y crecidos a la vera de quien los hace mejores exponencialmente. Con ese colectivo tan salvaje como de bajo perfil vislumbran, al fondo, el anillo. A los 23 años y en su cuarta temporada en la mejor Liga del mundo, en la que aterrizó con 19 habiendo ganado ya la Euroliga con el Real Madrid y el Eurobasket -además de las semifinales olímpicas- con su pequeño país.

Terrenos inexplorados por los que fueron leyendas a esas alturas de sus carreras, Doncic se convirtió en la inolvidable madrugada del domingo en el Footprint Center en el más joven de la historia en ganar un séptimo partido fuera de casa anotando 35 puntos (sus promedios en estos playoffs son de 32,6 puntos, 9,8 rebotes y siete asistencias), comandando una de las humillaciones más grandes de siempre (llegaron a dominar por 46, acabó en 33 con el 90-123) ante el equipo con mejor récord de la temporada regular (65 victorias), el actual subcampeón, quizá el favorito hasta la exhibición. Frustrados los Suns de Devin Booker -que tuvo varios rifirrafes de impotencia con Luka-, con el dominio del escenario de quien sabía que era una noche especial. Como cuando hace cuatro años en Belgrado llevó al Madrid a la conquista de Europa.

«INVOLUCRAR A TODOS»

«Me estoy divirtiendo, y cuando me divierto es cuando juego mejor. Pero hoy todo el equipo fue increíble, nunca vi una actuación así en un séptimo partido y fuera de casa», afirmó Doncic, con la mente puesta en la derrota del pasado curso ante los Clippers en otro séptimo, y que volvió a poner de manifiesto una capacidad que le hace único, la del liderazgo. «Marcó la pauta de involucrar a todos y ejecutar los tiros cuando se le presentaban», le elogió Kidd. Porque no sólo fue una exhibición individual, fue la capacidad de implicar al resto la que llevó al histórico triunfo a los de Dallas ante la mirada cómplice de Dirk Nowitzki, quien hace 11 años también firmó una gesta similar: derrotó a los Spurs en el séptimo a domicilio y acabó ganando el único anillo de la historia de la franquicia. «Estoy muy feliz, no me puedes quitar la sonrisa de la cara. Nos lo merecimos», concedió su sucesor.

Ese perfil colectivo, heredado sin duda de su formación europea, hace diferencia a Doncic con respecto a las leyendas a las que se compara sin rubor. A Michael Jordan, por ejemplo, le costó un buen puñado de temporadas desprenderse de su fama de apóstol del individualismo para dejar de chocar los Celtics y los Pistons y pelear por el anillo. Con los 23 años de Doncic, en el que era su tercer curso, promedió unos asombrosos 37,1 puntos por noche, su tope, pero perdió todos los partidos en primera ronda. Al año siguiente cayó en segunda, el comienzo de la maldición de Detroit, contra los que cedería tres veces consecutivamente, las dos últimas en la final del Este.

Luka, que ni siquiera fue elegido titular del All Star de este año, ni su nombre estuvo nunca en la discusión por el MVP que se llevó por segunda vez consecutiva Nikola Jokic (ya eliminados los Nuggets), había disputado ya dos veces los playoffs, aunque nunca había pasado del primer escalón. Se pueden establecer paralelismos con LeBron James, que en su cuarta temporada guio a los Cavaliers a la final de la NBA, aunque fue arrasado por los Spurs. Con 21 años, Kobe Bryant iniciaría el Three Peat con los Lakers, pero siempre a la sombra de un Shaquille O’Neal que dominaba la NBA.

Más allá de los recelos ajenos de los que tanto le cuesta desprenderse, de su peso, de la irregular temporada de unos Mavericks que en febrero traspasaron a Porzingis, de las dudas sobre Jason Kidd, Doncic ha vuelto a demostrar la inmensidad de su estrella. Su séptimo cielo.